"Ande yo de almuerzos, y ríase la gente". Una mañana soleada de invierno, típicamente mediterránea, en uno de esos polígonos industriales del área metropolitana de Valencia, junto a uno de tus amigos, es uno de esos momentos que no se olvidan jamás, que se quedan anclados para siempre en el recuerdo y en el corazón. Pues bien, de nuevo, los Locos por los Almuerzos vuelven al escenario del crimen, saltan a la palestra para compartir animosamente otra experiencia "piloto", un instante de placer que ningún mercado, prima de riesgo o canciller alemán puede arrebatarnos. Hoy, el polígono industrial Virgen de la Salud, término municipal de Xirivella, y más en concreto el Torrador El Artesano, ha sido el lugar escogido para deleitarse con un "esmorzar valencià". Efectivamente, la tradición "almuercil" poligonera valenciana siga muy viva y su actividad no cesa, a pesar de las dificultades que atravesamos, sobre todo en el reino de la delincuencia de guante blanco y la desocupación en que se ha convertido Valencia. Así que sin más dilación, pongámonos pues a narrar lo acontecido este matinal.
Si hablamos del local, se trata de un gran bar-restaurante. Producto de la zona en la que se encuentra ubicado, y rodeado de naves industriales y, en general, ambiente obrero, un vasto comedor abastece las necesidades de la clientela. Amplio y abundante, ocupa una gran superficie y cuenta con bastante limpieza y orden. Muy a lo bar poligonero.
En cuanto al servicio, pronto advertimos algo que nos llamó poderosamente la atención: todas las camareras eran mújeres y, además, de muy buen ver, algo que para el género masculino es siempre de agradecer y que, además, tiene mucho tirón mediático. Pero dejando los machismos a un lado, podemos afirmar categóricamente que, al pedirse el almuerzo en barra, la rapidez es absoluta y en varios minutos estábamos ya servidos y empezando a degustar los productos. También resaltar la amabilidad, a la vez que profesionalidad, que desbordaba el personal.
Si nos ceñimos al almuerzo, debemos anticipar que la cantidad de género expuesto (encima al aire en un torradero y no en vitrina), con las mezclas que eso conlleva, nos agradó hasta tal punto que por momentos no sabíamos ni qué pedir. Finalmente, nos decantamos por uno de tortilla de patatas con lomo adobado, y otro por un revuelto de pinchos con verduras (cebolla, pimientos...). Éste segundo un tanto diferente de lo que últimamente habíamos probado. Así pues, los puntos fuertes de ambos fueron, por un lado, la temperatura de los alimentos (óptima) que aunque estaban fuera la conservaba, y por otro lado, la calidad de los mismos, así como su colosal tamaño; en cambio, como punto débil, el pan no estuvo a la altura de las circunstancias, ya que estaba excesivamente blando, más aún cuando la mezcla caliente empezó a hacerlo pastoso. Además, el almuerzo contó con variantes y cacaos, vino y gaseosa e infusiones.
Al final, el precio fue extraordinariamente competente, lo que le otorga una calificación y recomendación alta: 4'50€ por comensal, contando por almuerzos.
Nota final: 8.
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