"No hay almuerzo que cien años dure ni cuerpo que lo resista". Un almuerzo no entiende de política. Nunca te da la espalda ni se aleja de tí, es más, siempre te respeta, cuenta con tus decisiones y te permite ponerlo en duda, es decir, participar. Sabe que tienes la decisión final y se esmera, intenta gustar y te hace partícipe de sus sabores. No se plantea ni un recorte en ningún sentido porque a pesar de como vaya la economía mantiene su esencia, su nivel; en caso contrario, estaría muerto, ya que no se puede permitir el lujo de no estar a la altura, de no ser tenaz en su empeño y dejar perder una oportunidad así. Además, nunca miente: o sí o no. Un almuerzo es, sin duda, un halo de esperanza, un soplo de aire fresco, es Libertad ante todo. De esta manera Los Locos vuelven, "again", con una nueva edición de su Blog. Que tiemble la blogosfera, porque en esta ocasión Valencia ha sido el escenario de otro de nuestros almuerzos, en concreto el Bar Moncayo, sito en la zona del Puerto, cercano a la famosa calle de Islas Canarias. Emblemático lugar.
De entrada, el local abarca un amplio espacio. Cuenta con una especie de terraza-porche incrustado en la propia entrada y más adelante un comedor inmenso en forma de ele. Además, en la misma acera se disponen más mesas y sillas, lo que le convierte en un imponente bar de unas dimensiones que le permite albergar a un gran número de clientes (uno de los locales más grandes que he visto nunca). Los jamones y las ristras de ajo colgados nunca me gustaron.
Así pues, el servicio, muy numeroso a decir verdad, te propone pedir el almuerzo en barra en la que varios trabajadores te sirven muy amable y velozmente. Aceitunas y cacaos, y curiosamente papas, también te los debes servir tú mismo y con toda confianza, mientras que de la bebida se encargan otras camareras que van pasando por las mesas. Ciertamente, muy rápido y cómodo.
En cuanto al almuerzo, la cosa no defraudó. Cumpliendo con la tradición del lugar, una gran vitrina presidía la zona central de la barra, hecho que denotaba la variedad de almuerzos y mezclas que te ofrece el bar, sobre todo en tortillas. En este caso, un bocadillo de longanizas con patatas y pimientos fue lo que se pidió, junto a un plato combinado (muy recurrente en mi caso últimamente) con las mismas patatas y un huevo con pimientos y un chorizo. Realmente, ambas cosas estaban deliciosas, con productos del día, gran frescura y buenos sabores y aromas. Las imágenes hablan por sí solas. Asimismo, todo ello estuvo acompañado de vino y gaseosa, papas y cacaos e infusiones (2 poleos).
Finalmente, el precio osciló entre los que se manejan en el mercado: 5€ por persona y contando por almuerzos.
Nota final: 8.