sábado, 27 de abril de 2013

Bar Raga

"Almuerzo grande, ande o no ande". Después de unos meses de ausencia, Los Locos por los Almuerzos prosiguen con su recorrido, a paso lento, pero firme, por lo que no se nos debe dar por muertos, ni mucho menos. Muchas cosas han sucedido durante esta pequeña travesía por el desierto, sin embargo, seguimos sin resignarnos y dispuestos a luchar por consolidar las 20.000 visitas cosechadas hasta la fecha, por lo que os damos 20.000 gracias. Así pues, ni la muerte de Chávez, ni los atentados de Boston o el Bárcenas Gate podrá con este pequeño púlpito gastronómico que implora, una vez más, muchos almuerzos a escena y críticas al respecto. Por lo que que no decaiga el ritmo. Así pues, el Bar Raga, un carismático negocio del archiconocido "Carrer Cuba" de Valencia, en pleno "Barri de Russafa", nos acogió para degustar sus magníficos bocados de tortilla, longanizas y demás manjares que a continuación os ofrecemos. Bonito barrio, magnífico emplazamiento.
El Local en sí responde al de un bar típico de barrio, y éste en concreto se mantiene desde hace varias décadas, haciendo chaflán en una esquina con Literato Azorín, otra de las calles ilustres de la zona. Frecuentado por una clientela habitual de los negocios colindantes, cuenta con una terraza para verano muy apeticible. Interiormente lo dicho, sin muchos alardes de espacio pero más que suficiente para el negocio.
Si nos referimos al servicio, el ama de la casa te atiende, junto a una compañera asalariada, con mucha gustosidad. Además, al tener una amplia variedad de productos ya manufacturados la espera no se suele alargar. El degoteo constante de clientes, escalonadamente, nos hizo ser servidos rápida, y como no, amablemente.
La cosa se calienta un poco más con el almuerzo. Con una pequeña, pero coqueta, vitrina de cristal, diferentes tortillas, huevos con patatas, embutidos y demás alimentos típicos almuerciles ofrecían muchas posibilidades. Finalmente, nos decantamos por dos clásicos: un bocadillo de tortilla de patatas con longanizas y bañado con allioli; y otra de patatas a lo pobre con huevo y bacon, también con la salsa valenciana. Sin duda, dos pedacitos del cielo que, a pesar de no estar demasiado calientes, presentaban frescura de pan y un tamaño más que considerable. La típica picadeta de cacaos y olivas, a la vez que las bebidas pertinentes y café e infusiones acompañaron a éste nuestro almuerzo.
Por último, el precio fue bastante aceptable: 5€ contando por almuerzos.
Nota final: 7.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Cervecería Kristal

"Al tecer almuerzo va el vencido". Antes de empezar con el típico panfletillo inicial, quisiéramos felicitar a @escotesdealicia, que con su blog aliciatetas.blogspot.com.es, está triunfando en la red. En efecto, un ejemplo a seguir ¡¡¡Enhorabuena!!! Y gracias por hacernos creer que existe un futuro mejor. Muy bien, entonces veamos qué tenemos para este fin de semana: recortes en Catalunya, privatización de la sanidad pública madrileña, encarcelados por corrupción patronal, genocidio palestino... en resumidas cuentas, ¿un poco de todo no? Por cierto, ¿dónde están esos políticos que salían al estrado sin guión, que no leían nada porque eran íntegros y sabían perfectamente cuáles eran sus ideales, o que rebatían argumentos del contrario cuerpo a cuerpo, sin recular ni retroceder? No existen ya, es una especie extinta. Por eso, los Locos se proponen pasar página con otro de sus relatos y evadirnos un rato por la ciudad de Valencia, en concreto en el Barri de Russafa y en la Cervecería Kristal, sita en la calle Sueca, una de esas vías con solera en la ciudad valenciana. No estuvo mal, pero...
En primer lugar, el local. Es un lugar pequeño, en realidad, sin embargo, tiene una terraza que hace chaflán que lo hace bastante apetecible, sobre todo si acompaña el buen clima. Bastante acogedor a pesar de estar en la calle.
Después tenemos un servicio corto, porque solamente teníamos al camarero-dueño del bar, pero suficiente para la clientela que había. Además, el señor se ofrecía a brindarnos algunas de sus especialidades. Servicio bueno, la verdad.
En cuanto al almuerzo, la cosa decayó un poco. Una pequeña vitrina con un par de tortillas, embutidos y poco más, sin muchas más filigranas. Finalmente, nos decidimos por un bocadillo de corte clásico, es decir, tortilla con longanizas; también decidimos acompañarlo con un plato de sepia rebozada. Por un lado, la tortilla del bocadillo estaba poco hecha, y tal y como se puede observar en la foto se despedazaba al no estan esponjosa. Bastante pobre. Por otro lado, la sepia estaba blanda y el plato era un tanto irrisorio para su precio. Cacaos, bebida y cafés siguieron más tarde.
El precio, caro, incluso siendo el centro de Valencia. Fueron 9€ por cabeza y lo que de verdad nos sorprendió es que se nos cobrara el bocadillo por una parte, mientras que las longanizas por otra, aludiendo en la cuenta a embutido de no sé qué clase, como si fuera importado de las Azores.
Nota final: 5. Flojito. 

Restaurante-asador El Barco

"El almuerzo es el reflejo del alma". ¿Qué nos queda? ¿Salud y buenos alimentos? ¡¡¡Ni tan siquiera eso!!! Deshaucios, bajadas de salario, recortes, leyes retrógadas... La dictadura de los mercados no podrá con nosotros, así que la lucha y la resistencia es lo único a lo que nos podemos agarrar. Ya sabéis, no temáis a otra cosa que no sea vivir sin dignidad. Los Locos por los Almuerzos seguirán siempre al lado del que lucha por un almuerzo digno, porque no nos quiten uno de nuestros mandamientos más sagrados: disfrutar con los nuestros de esos bocadillos que se extienden a lo largo y ancho de nuestra geografía. Pues bien, la emblemática Playa de la Malvarrosa de Valencia es el enclave que hemos escogido para degustar un "esmorzar genuïnament valencià", a saber el  Bar-Restaurante el Barco, sito en la famosa calle de Eugènia Vinyes, una paralela al paseo marítimo de la playa. Auténtico cuanto menos.
En primer lugar, el local es uno de los puntos fuertes. Decorado con un estilo marinero, muy acorde con el nombre del barco, no es excesivamente grande pero sí lo suficiente para albergar con espacio y amplitud a los clientes. Lo dicho, una decoración a lo mar, nada hortera, y con un punto de originalidad. Un local diferente de la mayoría de lo visto hasta ahora, tal vez por su condición inequívoca de restaurante.
Refiriéndonos al servicio, debemos señalar antes de nada que se trata de un negocio con gusto, de algo de postín, que trata al cliente con atención. De esta manera, un camarero, bastante ávido de gentileza, y también poco agobiado por el escaso ambiente a esas horas del sábado, se encargó de nuestras demandas gustosamente, incluso se atrevía a bromear con nosotros. Bastante bien, sin caer en la pelotería.
En cuanto al almuerzo, al ser recomendados por un amigo, los 4 que fuimos no lo dudamos ni un segundo y nos pedimos la especialidad de la casa: un barco. Se trata de un bocadillo de carne de caballo, de casi una barra de a cuarto, con guarnición, básicamente cebolla y calabacín. Siceramente, exquisito. La carne, en su punto (excepto la de uno de éllos, un tanto cruda por algunos partes), se deshacía en la boca; el pan, enorme de tamaño y del día, verdaderamente fresco; el acompañamiento, el justo y necesario para darle ese contraste de sabores con la carne. Perfecto, sublime, delicioso. Además, estuvo acompañado de los variantes de turno, bebidas como vino y gaseosa y cerveza, café e infusiones.
El precio, más que justo, 5€. Sin más comentarios. Muy recomendable, casi imprescindible en tu ruta de almuerzos.
Nota final: 8'5 (el fallo en la carne de uno le condena a no llevarse el sobresaliente).

viernes, 7 de diciembre de 2012

Bar-restaurante Anazar

"A buen almorzador pocas palabras bastan". "No estábamos muertos, estábamos de parranda". Los Locos vuelven a su estado natural, el pasional, el enérgico, el de la denuncia gastronómica, en definitiva, el del compromiso por ofrecer una buena crítica de los almuerzos devorados. A sabiendas de que hoy en día un almuerzo semanal, para muchos, es casi un lujo, una quimera para otros debido a los ajustes familiares, nos comprometemos a ser honestos y desde esta tribuna pedir a esos hosteleros que se aprieten al máximo. Sabemos de sobra que los márgenes son cada vez más pequeños; no obstante, pensamos que un precio popular atraerá a una clientela cada vez más en una depresión profunda, sedienta de manjares como las tortillas, longanizas o pancetas, que ve recortados sus derechos como trabajadores y, además, como consumidores. En fin, esta vez proponemos un bar poligonero, en concreto el Bar-Restaurante Anazar, sito en la zona industrial de la localidad de l'Horta de Aldaia. Sin duda, magestuoso.
En primer lugar, nos topamos de bruces con un local, como veníamos anticipando unas líneas más arriba, magestuoso. Típico de los bares de esta índole, se trata de un espacio súper amplio, repleto de mesas y sillas con capacidad para albergar a una ingente cantidad de clientes. Muy típico de este tipo de bares que en su día eran capaces de llenarlo, incluso tener que ampliarlo, y que, actualmente, se tienen que conformar con unas entradas medianas.
En el caso del servicio, como en muchos otros sitios similares, el bocadillo se pide en barra, mientras que la camarera de turno (siempre suele haber mujeres en los bares poligoneros) te sirve la bebida en mesa. Bastante amable y familiar, puesto que uno de nuestros comensales conocía ya al personal.
En cuanto al almuerzo en sí, una enorme barra con vitrinas lucía en los mostradores. Mucha variedad, la verdad; al contrario, muy pronto nos seducieron por completo unas relucientes patatas a lo pobre que lucían justo en el medio de ésta, sin duda, a los 3 que éramos. Así pues, éstas fueron combinadas por cada uno de nosotros a su propio gusto: con lomo adobado, huevos o bacon. De un tamaño considerable como se puede apreciar en las imágenes, el pan estuvo correcto, sin muchos más alardes, y con una temperatura ideal a pesar de estar recalentado. 3 bocatas crujientes, esponjosos y sabrosos, en su punto de aceita. También, podemos añadir que existen dos medidas de bocadillo y que el precio final varía según la elección. Todo ello acompañado de los típicos encurtidos, cacaos naturales, bebidas y cafés e infusiones.
El precio, acorde a la calidad: 4'50€ el medio y 5€ el entero. Buen precio para tal magnitud de almuerzo. Desde luego, muy aconseable.
Nota final: 8'5.        

miércoles, 4 de julio de 2012

Karting Almenara

"A Dios rogando y con el almuerzo dando". Chafamos el acelerador, no el de los recortes, sino el de los almuerzos. En los meses más calientes del año, Los Locos reaparecen una vez más con otra entrega de su saga y, en primer lugar, desde este pequeño y modesto espacio queremos solidarizarnos con todos aquellos dagnificados directos (porque dagnificados somos todos) por los incendios que han arrasado parte de nuestros hermosos bosques. Del mismo modo, pedimos responsabilidades políticas a los gobernantes que han estado recortando las ayudas directas para la limpieza de los montes y su conservación, así como por la ineficacia mostrada en los momentos cruciales del incendio. Así pues, y centrándonos ya en nuestro cometido, los integrantes de esta banda amplian fronteras, ya que la visita que os contaremos tuvo lugar en la provincia de Castellón, en la Playa de Casablanca, Almenara, más en concreto en el Karting de la misma localidad. Un lugar que aún conserva espacios naturales y una playa con bandera azul.
En cuanto al local, se trata de un bar anexo a una pista de karts que cuenta con una terraza exterior, un local interior climatizado por el que optamos finalmente y un vasto comedor más adentro para celebraciones varias. En definitiva, un lugar con posibilidades de todo tipo.
En relación al servicio, una camarera nos atendió atentamente durante nuestra estancia, bastante amable y cordial, por cierto. Además, éste contaba con más personal que actuó con rapidez a la hora de servir nuestras demandas.
Si nos ceñimos al almuerzo, éste estuvo muy a la altura. Debemos adelantar que en barra no había nada, solamente un plato de morro del que decidimos pedir un plato; sin embargo, la camarera nos ofreció un amplio espectro de tortillas, plancha y demás muy apetitoso. 3 de los 4 bocadillos fueron de tortilla de patatas con longanizas, mientras que el restante fue de tortilla a la francesa con bacon (no había panceta, craso error), todos acompañados de "allioli". En líneas generales, fueron 4 buenos bocadillos, con un pan en condiciones y supuestamente del día, de gran tamaño y sabroso, de los que tenemos que destacar las enormes longanizas que contenían, tal y como se puede observar en la imagen. Aceitunas, cacaos y las bebidas pertinentes (vino demasiado caro) acompañaron la comida.
Finalmente, el precio fue bastante elevado, entre los 8-9€ por persona, contando por productos y no por almuerzos. Con todo, vale la pena visitarlo.
Nota final: 7. 

martes, 5 de junio de 2012

Club Náutico de Valencia

"Mientras hay almuerzo hay esperanza". En plena vorágine financiera, con nuestra querida "prima" a punto de suicidarse, y con un tiro en "toa" la pierna, los Locos siguen con su tarea principal: ofrecer a nuestros lectores las experiencias que cosechamos mes tras mes, semana tras semana. De momento, y mientras no nos intervengan este blog, o alguna ley nos obligue a pagar un canon a los bares que visitamos (y que en ocasiones ponemos a caldo), continuaremos dando información de calidad, y opinión contrastada, con la finalidad de conseguir aumentar nuestras entradas de la guía. Así pues, esta vez hemos visitado, tras previa invitación y partida de pádel, el Club Náutico de Valencia, un espacio social con gran tradición, prestigio y elegancia, sito en la capital del Turia, junto al Puerto de Valencia. Todo glamour.
En cuanto al local, si es que se le puede llamar así, cabe advertir que el complejo cuenta con varios restaurantes. El que visitamos en concreto se abre en una gran explanda, junto a una dársena, rodeado de embarcaciones y con un espacio envidiable. Amplitud y confort al servicio del socio, con un interior propio de un restaurante de gran magnitud y, además, para la terraza unas lonas la cubrían, lo que otorgaba al sitio un ambiente de frescor idóneo para almorzar.
En el caso del servicio, com se suele decir, topamos con la Iglesia. Suponemos que fue algo puntual, o tal vez que nuestra imagen (en plan deportivo) no se ajustaba a la talla del lugar y por eso primó un sentido clasista de la clientela; en resumidas cuentas, el caso es que el camarero que nos atendió no estuvo a la altura. Con una actitud de abandono y dejadez, parecía que le molestara que le pidiéramos, incluso los bocadillos que ya los teníamos pensandos (se piden en barra). A grandes rasgos, pocas ganas de trabajar que, como ya apuntaba, sería un caso aislado y lo que no haremos será estigmatizar lo que supuestamente es un gran servicio por un único mal profesional.
Si hablamos del almuerzo, la cosa ya se empieza a caldear. Verdaderamente, la barra no ofrecía gran cosa (una tortilla de queso, habas con jamón, esgarraet, y demás cosas frías); sin embargo, acabamos decantándonos por lo que ésta ofertaba: 3 bocadillos de tortilla de queso con longanizas, 1 bocadillo de habas con longanizas, más un pequeño plato de sepia. En el caso del pan, la cosa anduvo floja: falta de frescura, poco crujiente y, probablemente, descongelado (como denotan las rajas). Personalmente, las habas estaban excesivamente duras. Sin duda, el plato de sepia fue lo mejor, en su punto y bastante tierna. Además, todo ello estuvo acompañado de vino con gaseosa.
Finalmente, no nos engañemos, es un sitio caro, con un precio que oscila entre los 9-10€, contabilizándose todo por productos, fuera de lo común respecto a otros bares.
Nota final: 5.